Emociones interiores
pasioncofrade — Jue, 06/11/2008 - 12:19
CON EL CIRIO
NUMERO 1
Nadie se lo esperaba. Nunca lo había vivido. Es la primera vez en muchos años que Marbella no podía ver a su Cristo en la Noche del Miércoles Santo. El Señor de la Túnica Morada, quien más fieles posee...quien más penitentes consigue reunir tras sus pasos...quien más promesas recibe...quien más agradecimientos obtiene... no pudo hacer su recorrido por las calles de nuestro pueblo en su noche...la noche del Miércoles Santo, nuestra noche, la noche nazarena, aquella donde el color morado de las túnicas y el dorado de los cíngulos, se funden en solo cuerpo para acompañar a Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Las previsiones más optimistas nos decían que tendríamos que recogernos más temprano de lo habitual, con lo que el recorrido del Nazareno no podría llegar a rincones como calle Ancha o la Plaza del Santo Cristo. Marbella tendría que disfrutar por menos tiempo del paso del Nazareno. Ese paso firme, con la cruz a cuestas y la mirada perdida.
Marbella no pudo ver a su Cristo, pero los que acudimos como cada noche de Miércoles Santo a la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, vivimos en su interior emociones de tanto valor como las que podríamos haber vivido en la calle acompañando a nuestro Nazareno.
La decisión de la Junta de Gobierno y el Hermano Mayor fue lógica. La hermandad es depositaria de las imágenes y como tal, debe preservarlas, cuidarlas, salvaguardarlas, protegerlas y custodiarlas. Aún con el dolor por no poder salir con nuestra imagen a la calle, todos comprendimos y entendimos que lo mejor era quedarnos en casa...en su casa...en la casa del Nazareno. “Esta vez nos tocó a nosotros, no pasa nada” fue la frase más repetida en esta noche del miércoles santo de 2008. La festividad del padre adoptivo de Jesús de Nazaret, San José, el carpintero, y su coincidencia con el miércoles de pasión en el calendario lunar, lo cual no ocurría hacía más de doscientos años y casi trescientos en que no ocurrirá de nuevo.. nos hace pensar que ojalá que lo sufrido anoche no vuelva a ocurrir hasta dentro de tres siglos...
Noche de coincidencias, qué mas bien fruto del azar, parecen culpa del destino o de algo más allá...Que el nuevo párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación sugiriera, tras conocer la antigua imagen de la Virgen del Mayor Dolor (la Lola), que se situara en el altar del Nazareno durante la Semana Santa en vez de quedarse en la Casa Hermandad...parecía un presagio: este año, la Guapa -como llaman los hombres de trono a María Santísima del Mayor Dolor- se quedó en casa y esa pequeña imagen, sobre una andas, a hombros de los portadores, pudo mirar a su Hijo con la cruz a cuestas. Y como esos nazarenos subía al cielo ese trono y a su Nazareno a lo más alto de su casa, de su templo, de su Iglesia de la Encarnación...
Y así, hasta el año que viene...
Juan Luis Gámez Ortúzar
