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HISTÓRICOS DE ANTONIO LUNA (III): GENESIS DE UNA SAYA PARA LA VIRGEN (23-01-08)

pasioncofrade — Vie, 05/12/2008 - 14:45

Esta tarde nos hemos reunido aquí, en la capilla de San Juan de Dios, muchos amigos, un montón de amigos. Pero a pesar de todo se nota un hueco entre nosotros, se nota un hueco muy grande, un hueco que nunca más se volverá a llenar. Ese hueco corresponde a Antonio Vega, que si bien no está hoy físicamente con nosotros, estoy seguro de que lo está en espíritu. Seguro que está ahí arriba, a la altura del coro, sentado junto a José Manuel y a Mariana, no se podían perder este acto.
 
La culpa, entre comillas, de todo esto la tiene José Manuel Vallés, que en el año 1969 levantó una leva, obligatoria, entre sus niños del colegio, entre los niños del Esparto, y sacó a la calle una cofradía que desde entonces no es tan sólo la primera en salir en Semana Santa, sino que es la primera en muchas otras cosas.
 
La tiene Antonio Vega, que pasaba por aquí y vio una Virgen no muy bien arreglada. No se pudo reprimir y sin que nadie se lo impidiera, ni se lo quisiera impedir, se puso manos a la obra y la dejó «de salón de belleza». Y ya no se fue.
 
La tiene Francisco Jiménez que, en tiempos muy difíciles, recogió el testigo y procuró que la cofradía siguiera por la senda marcada.
 
La tiene Antonio Caracuel, que imprimió a la cofradía un paso ligero, un paso legionario muy difícil de aguantar, pero se aguantó, y ahí están los resultados de esa carrera, de obstáculos en muchas ocasiones.
 
Y la tienen tantos cofrades y devotos que mantienen en pie esta casa, en estos tiempos en que quieren imponernos, democráticamente, la laicidad, la ruptura de nuestras estructuras familiares, sociales y espirituales. Dejarnos huérfanos para que se nos pueda pescar, manipular fácilmente. Podemos poner la otra mejilla, cuantas veces haga falta; pero lo que tenemos que hacer, sobre todo, es dar la cara, plantarnos y decir alto y fuerte «hasta aquí hemos llegado, con nosotros no se juega».
 
Nuestro Padre Jesús de la Misericordia tenía dos túnicas, una para diario y la otra para festivos y procesión. Como los hombres somos menos coquetos que las mujeres, pues con eso parecía suficiente. Pero he aquí que por primera vez en la historia de la cofradía se nombró una camarera para el Cristo: Marta Robles. Y a ésta eso no le pareció bien y se puso manos a la obra. El resultado primero, para abrir otros caminos, fue la túnica de procesión, regalo suyo. Y bien que sirvió de ejemplo y de tirón, no había pasado mucho tiempo cuando el Cristo disponía de cinco túnicas de diario más, regalo de otros tantos cofrades.
 
La Virgen tenía varias sayas, alguna también regalo de hermanos y devotos. Pero ninguna tenía la categoría que muchos deseábamos para ella.
 
Tomando café, es cuando se hacen los mejores negocios, eso sí, quiénes hacen negocio; los que no lo hacemos nos entretenemos en hacer planes. Tomando café, apuntaba, dice Antonio Caracuel: porqué no le hacemos una saya a la Virgen, ya que el Cristo tiene el vestuario bien surtido. Y ya estábamos embarcados en otro lío. A Antonio Vega se le iluminaron los ojillos, y su sonrisa picarona le adornó toda la cara. Para el la saya ya estaba hecha, no le cabía ninguna duda.
 
La cosa era fácil, muy fácil; tan sólo había que encargar un diseño, que la bordaran y buscar quien la pagara. Como decía la cosa se presentaba muy fácil. No había que devanarse los sesos para decidir quién la iba a diseñar: Eloy Téllez, por supuesto. Persona bien conocida por nosotros y que había diseñado para la cofradía los estandartes y todos los nuevos elementos de orfebrería. Llamamos a Eloy y creo que el encargo le hizo más ilusión a él que a nosotros. Mira Eloy, que queremos hacerle una saya a la Virgen y que tú la diseñes. Su respuesta fue: la veo, una saya muy alegre, florida, en oro y sedas, sobre tisú de plata. Ya estaba el diseño en marcha.
 
Tampoco había mucho que decidir a la hora de escoger el taller de bordado: Salvador Oliver. Otro conocido de la casa, su trabajo en los estandartes no dejaba lugar a dudas. Salvador, que le hemos encargado a Eloy el diseño de una saya para la Virgen y queremos que tú la bordes, pero no tenemos el dinero ni sabemos como la vamos a pagar. Respuesta: Esa imagen se merece una buena saya, yo la bordo y ya me la pagaréis. Como les decía, la cosa se presentaba muy fácil.
 
Eloy Téllez es uno de los mejores diseñadores cofrades de Andalucía; el taller de bordado de Salvador Oliver es uno de los tres mejores de Andalucía, por lo que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos lo más mínimo, que Eloy y Salvador son de los mejores que hay en el mundo. La originalidad, calidad y belleza de la obra estaban aseguradas. La unión de ambos produciría una obra de arte, una auténtica obra de arte. Como hoy podemos comprobar mirando, requetemirando, admirando el resultado.
 
Bueno, y esta es la historia, la génesis de la saya para Nuestra Señora, para María Santísima de la Paz y Esperanza, salvo por un pequeño detalle: ¿cómo pagamos? ¿De dónde sacamos el dinero?
 
Esto ha sido lo más fácil. Empezamos a contar nuestro proyecto y han sido noventa y siete personas, con nombre y apellidos, además de otros muchos donantes anónimos, las que se sumaron al mismo. Noventa y siete personas, entre devotos y cofrades, algunos con una aportación única, los más con aportaciones mensuales.
 
En el mes de marzo de 2006, lanzamos la primera remesa de recibos; habíamos embarcado a un montón de personas sin tan siquiera tener un diseño y sin saber lo que nos iba a costar. Las cosas son así cuando se tiene ilusión, cuando se tienen las ideas bien claras.
 
En noviembre de 2006, estuvo preparado el diseño definitivo, y el dieciséis de febrero del año siguiente, firmábamos el contrato para la ejecución del mismo. Ese mismo día se procedió a dar la primera «puntá» a la saya. Este acto lo protagonizó una devota de la Virgen de la Paz y Esperanza, una devota más entre los noventa y siete, me refiero a María del Carmen García Galisteo. La fecha de entrega de la saya se estableció para el día de la onomástica de la Virgen, en el mes de enero de 2008.
 
Hoy se culmina un sueño, hoy ya tiene Nuestra Santísima Madre una saya digna de su majestad. Hoy al despertar nos encontramos con esta maravilla, con esta obra de arte. Hoy podemos exclamar, pletóricos de orgullo: ¡LO HEMOS CONSEGUIDO!

 
Antonio Luna Aguilar
23 de enero de 2008

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