HISTÓRICOS DE ANTONIO LUNA (XII): PODÉIS IR EN PAZ…, PERO SÓLO LOS QUE HAYÁIS PAGADO (MAYO 2008)
pasioncofrade — Sáb, 06/12/2008 - 19:42
Los historiadores y lectores de historia, están harto acostumbrados a toparse en sus investigaciones y lecturas con la expresión «lego (equis dinero) para que se digan misas por mi alma», y otras muchas similares.
Hasta no hace muchos años era algo habitual el pagar una especia de «tasa» a las parroquias por los servicios religiosos de bautismo, comunión, bodas, etcétera. Ésta práctica recuerda mucho a uno de los motivos por el cual se produjo la escisión, llamada Reforma, de la iglesia Católica y que dio lugar a la iglesia Luterana, que era la venta de indulgencias: con dinero se puede pecar sin problemas, era la lectura de la dicha venta. Con dinero se puede uno bautizar, comulgar, casarse, etcétera; era la lectura que se extraía de la práctica del cobro de dichos servicios.
Pero eso parecía que había quedado relegado al olvido, para evitar reticencias o por algún motivo, o motivos, que desconozco. Hasta ahora que se vuelve a imponer el dicho cobro por servicios religiosos: ¿Quiere usted que rece por el difunto? Son tantos euros. Si no, rece usted por él.
El mantenimiento de la Iglesia nos corresponde a todos los que nos llamamos católicos; pero no de esta manera. No debería ser, ni tan siquiera, con la publicitada «X» en la casilla de la iglesia Católica de la declaración de la renta.
Hay una locución que afirma que «doctores tiene la Santa Madre Iglesia». Yo, ni soy doctor, ni lo pretendo, pero se me ocurre que la Iglesia podría funcionar como lo hace un club con sus socios: cuotas.
A todos aquellos que se dan golpes de pecho en público, habría que pedirles que también se golpearan la cartera; que la Iglesia tiene muchos gastos y necesidades: reparaciones, mantenimiento, luz, agua,… y también el sueldo de los curas, sin olvidar las obras sociales.
¿Estamos dispuestos a que la Iglesia, que somos todos, «funcione», o tan solo queremos golpearnos el pecho cuando alguien nos mire? Me imagino que, tal como expresaba más arriba, alguno de los muchos doctores que tiene la Iglesia, se habrá planteado esta y muchas otras alternativas. ¿Por qué no se llevan a cabo?
A la vista de cómo están las «cosas», creo que habría que replantearse un gran número de ellas.
Todo, menos cobrar por un servicio religioso.
Antonio Luna Aguilar
Mayo 2008
