Cuarenta años de historia (La Pollinica) por Esperanza Luna Robles
pasioncofrade — Mar, 10/02/2009 - 08:47
La cofradía de La Pollinica se fundó en el año mil novecientos sesenta y ocho, hace ya cuarenta años. En unos tiempos en los que yo no había nacido, pero que con el transcurso del tiempo, diversas personas, entre ellas mi padre, mi tío, Antonio Vega o Antonio Caracuel, me han contado anécdotas, historias, hechos, vivencias propias, … En general, parte de la historia de mi cofradía.
Toda esta historia comenzó cuando en las cabezas de un grupo de amigos rondaba la idea de formar una cofradía, pero no una cofradía cualquiera, sino una cofradía de niños, una cofradía viva. La idea la tenían, pero había que pensar en muchas cosas, necesitaban una sede, titulares, estatutos, etcétera. Encontraron la sede, la capilla de San Juan de Dios, de la Misericordia o del “Hospitalillo”. Chiquitita, con una estrecha puerta que dificultaría la salida y entrada de los tronos, pero desde luego una acogedora y particular sede. Y sin otros problemas más que los que se refieren al ámbito económico, en el año mil novecientos sesenta y nueve nuestro Padre Jesús a su Entrada en Jerusalén realizó su primera salida procesional. En esta primera salida, al final del recorrido, los niños arrojaron sus palmas al suelo momentos antes de que pasara Jesús sobre su pollina, tradición que se perdió hace mucho tiempo, pero que durante el mandato de Antonio Caracuel se recuperó.
Y pasados ocho años se incorporó a la cofradía la Virgen de la Paz, procedente de Antequera. Ya nunca más el hijo andaría solo había encontrado el cobijo de su madre.
En un principio el horario de salida era sobre la una del mediodía y más tarde a las doce de la mañana, pero finalmente, la incorporación de la Virgen a la cofradía y la creación de una sección para ella, por lo cual se añadieron velas al cortejo, provocó que La Pollinica saliera y salga actualmente, al encuentro con su pueblo, a las seis de la tarde.
Allá por los años ochenta, más o menos, se empezó a colocar una barra en la feria de día. No sé como sería en sus principios la manera de explotar la barra, pero si sé, por experiencia propia, cómo es ahora, personas unidas por un fin.
Nuestra Virgen en un principio fue conocida como la Virgen de la Paz, pero pasados unos cuantos años, y a iniciativa de Antonio Vega, se decidió sumarle el nombre de Esperanza, quedándose por tanto con el nombre de Nuestra Señora de la Paz y Esperanza.
Al igual que el nombre de la Virgen, el nombre del Cristo sufrió cambios, pasando a llamarse Nuestro Padre Jesús de la Misericordia a su Entrada en Jerusalén.
José Manuel Vallés, el primer hermano mayor de la cofradía, tras veinticinco años al frente de la misma, decide retirarse dejando paso a Francisco Jiménez. Y a los dos años, tras una larga enfermedad, emprendió de la mano de Jesús un nuevo viaje que le llevaría al Cielo.
Entre otros de los muchos hermanamientos que ha realizado esta cofradía, en su corta andadura, cabe destacar el que en el año dos mil tres unió a la Pollinica y a la cofradía del Nazareno y Santo Sepulcro, teniendo ambas en común un martillo, el cual abre y cierra la semana santa marbellera, de mano de sus respectivos hermanos mayores.
Durante los últimos años se viene realizando un partido de futbol, que enfrenta a los integrantes de la sección de la Virgen y a los de la sección del Cristo. En el mismo todos los años se discute el por qué y las razones de que la sección de la Virgen haya perdido (el arbitro estaba vendido, han anulado algún gol, etcétera.), pero al final no hay motivo de discusión, ya que nadie ha perdido, ha ganado la Cofradía. Y tras el intenso encuentro deportivo, una paella para saciar el apetito.
El Batallón Infantil de Marbella, desde sus inicios le ha puesto música a nuestro recorrido procesional, esa vinculación que siempre ha tenido el Batallón con la Cofradía hizo que en el año dos mil cuatro los acogiéramos con el nombre de Agrupación Musical “La Pollinica”.
Y en este mismo año, por fin, se decidió nombrar una camarera para el Cristo, ya era hora de que le cambiaran de túnica y de que le mimaran. Ahora el Cristo tiene un amplio vestuario y una gran camarera: mi madre.
En el año dos mil cinco sufrimos una inmensa pérdida, uno de los grandes se nos fue para siempre, pero por muchas semanas santas que pasen nunca podremos olvidar a Antonio Vega, porque siempre estará presente en todos nosotros y desde ahí arriba vigila cada uno de los pasos que da nuestra cofradía, para que nada salga mal.
En la cofradía el papel de los jóvenes ha tenido siempre una gran importancia, incorporándose los primeros niños muy pronto a las juntas de gobierno. Y formando hace poco una propia junta denominada Junta Joven, la cual realiza actividades durante todo el año, ente las que destaca la Cruz de Mayo.
En este último año gracias a los donativos de muchos devotos anónimos, y respondiendo a la iniciativa de los tres Antonios, nuestra Virgen ha podido lucir una saya bordada de gran valor.
Quedan muchos más años por pasar, muchas más experiencias que contar, muchos más actos que realizar y muchas más semanas santas por vivir.
Que así sea.
Esperanza Luna Robles

